domingo, 27 de septiembre de 2020

 

ELECTORALISMO, TRANSACA Y VOTO OFERTÓN

 

Ewald Meyer Monsalve

ewald.meyer@hotmail.com

 

A quién le cabe duda que la política chilena se ha transformado en un retail de ofertas y votos para la contienda electoral. Antes del 18 de octubre la discusión de las camarillas políticas fue acomodar a sus cuadros en esos míticos Excel, que operadores políticos realizan en sus giras por todo Chile. Listas de gobernadores, alcaldes y concejales, cocinadas entre cuatro paredes. Había que insuflar a los sacrificados “políticos profesionales “de recursos para sus campañas políticas. Las votaciones son un juego de dinero, negocios que deben ser pagados, la ley electoral asigna cerca de mil pesos por cada voto, partidos a financiar en el interregno entre cada elección en Chile que suelen ser espaciadas; hasta ahí todo iba viento en popa y se arreglaban los bigotes a piacere, pero se apareció el ciudadano de a pie enarbolando las banderas de petitorios que el sistema político y sus representantes hasta el día de hoy han sido incapaces de satisfacer. Las consignas ochenteras que Los Prisioneros gritaron en la dictadura, son plenamente vigentes hoy, más que nunca. La política oficialista se derechizó y los que tratan de flotar se volvieron acuosos, sin forma y poco claros, lejos de los ciudadanos carentes de legitimidad.

El sistema democrático representativo que hoy tenemos, regido exclusivamente por partidos políticos como eje bisagra, controlan administrativamente los liderazgos y en muchos casos las operaciones políticas, excluyen a los movimientos sociales, no a todos claramente, sólo a los que no sirven a sus fines, el resto deliberadamente invisibilizados o utilizados cuando la ocasión requiere su presencia. Después del fin de la dictadura, los movimientos sociales fueron silenciados y en algunos casos utilizados para chantajear a la derecha, en otros simplemente desmovilizados, porque eran contraproducentes con el sistema democrático heredado de la dictadura, se dijo. Sin embargo, se fueron fortaleciendo (siempre existieron) ante la pauperización de la democracia electoralista y excluyente que propalaron los gobiernos de la concertación que terminaron por reconocerse como partido del orden. Desde ese tiempo el clivaje producido generó dos fuerzas. Una claramente oficialista, alojada en el parlamento, partidos políticos, cuadros del estado dispuestos a pulular, vivir y sobrevivir en el estado. El otro el de la calle, el del movimiento social, ese que se organiza en colectivos para sobrevivir y levantar sus demandas en soledad porque el poder no los escucha. Aquel que bajo una lógica de la reivindicación legitima, salió a la calle el 18 de octubre para decir basta.

 

Las dos izquierdas.

 

En la lectura de este panorama actual en proceso acelerado y cambiante, la izquierda oficialista muy homogénea y compacta en su proceder, partidos políticos financiados que buscan hegemonizar a como dé lugar el debate y los espacios políticos, utilizado un discurso doble: por una parte ante el electorado muestran una lucha denodada contra el sistema, ad extremis, pero en la bajada política, la doble lectura con los adversarios políticos, moderación extrema, disponible para alcanzar acuerdos, sólo jugando al empate, en la medida de los posible bajo aquella doctrina del presidente Aylwin. Es parte de la adaptación a un modelo caduco donde los representantes elegidos cada cierto tiempo, verdaderas inamovilidades electorales enmarañadas en una serie de restricciones administrativas y burocráticas que se inician en las escazas leyes de inhabilidades (silencio en el parlamento) para la reelección, y que culminan en el SERVEL con la imposibilidad práctica de los independientes para ser candidatos. Vivimos una suerte de “candidaturas censitarias”, algo como en el Chile del siglo XIX, pero ahora aplicado a los candidatos, no a los electores,  ese filtro del régimen portaliano es normalidad. Los partidos por tanto, más aun los de izquierda, se esfuerzan por mantener sus “cotos de caza” de forma celosa. Al existir un control y estabilidad de los cuadros( parlamentarios, ministros, funcionarios de rango medio y bajo en el aparato estatal), se puede negociar y conseguir recursos y prebendas entre la elite económica que los necesita para perpetuar el sistema( si hay un A debe existir un B manejable), de pasada dan certeza a los adversarios políticos, en este caso la derecha, puede contar con ellos como socios fiables a fin de mantener la estabilidad, está es la lógica que entrampa a estos grupos y los mantiene detentando el poder e impidiendo reformas sustanciales al aparato del estado y perjudicando a grandes sectores de la ciudadanía. La rutina funciona, pero va a generar un divorcio con las llamadas “ bases “ que ven extrañados ante negociaciones y transacas de reformas a esta “ izquierda oficialista “ que termina justificando hechos bochornosos como el acuerdo electoral del 15 de noviembre. Casos como el de Beatriz Sánchez ex candidata presidencial del Frente Amplio, expulsada a empujones de la plaza dignidad o el de Gabriel Boric, otrora super héroe del buenismo que con un discurso radical( no olvidar, las alusiones al ejército rojo en entrevistas a matutinos chilenos de tiraje nacional, cual giño a esa otra izquierda) que fue degradado y funado a escupitajos en un parque cerca del epicentro del movimiento del 18 de octubre, revelan la ruptura del romance durante del estallido social.

 

Invisibilización y voto oxígeno desde el PC a RN.


La izquierda real de la calle, de movimiento, ninguneada, pero requerida por esa otra izquierda, de lejos si, esa que va a la plaza dignidad, esa que no llega a fin de mes, esa de la política real de carencias, la del chileno común, lejos de juegos de salón, incluso si acudimos a la lógica mercantil del voto, que se siente insatisfecho y con razones de sobra, pues bueno, ya entra en estado de aburrimiento lógico, ante la impasividad de esta izquierda política anquilosada y pusilánime.  Con todo y sin remilgos, la supervivencia hace que esta izquierda oficialista se embarque en adquirir urgente, el balón de oxígeno que le queda: el ofertón electoralista. Buscar ya de manera obscena legitimarse en la única arena, suerte de trinchera final que va quedando, el parlamento y los órganos del estado susceptibles de ser copados por una elección, so pena de ser arrasado por la derecha que tiene un votante duro. Se observa hoy como los nuevos- viejos rostros quieren acaparar la atención ante la permanente invisibilización en la que esta expresión de la izquierda, cayó durante más de un año producto de los vicios del sistema. Electoralismo puro, porque la izquierda política acostumbrada a la laxitud de sólo levantar petitorios sin contenido programático (de hecho hay mucho contenido en el movimiento social, pero no sirve a los fines electorales para los políticos profesionales) manejó muy mal a los que estuvimos en las calles el 18 de octubre. La flojera de las dietas parlamentarias hizo que el peso de la noche impidiera apreciar a estos paladines de la izquierda el desmoronamiento del modelo, se insiste en la política de los retoques cosméticos al modelo. A la opción de interpretar y hacerse parte, prefirió la opción de suprimir y observar la represión e ignominia de la cual el movimiento fue víctima. Otra cosa es ya la fusión descarada de algunos sectores de la izquierda que emulando esos pactos liberales – conservadores del siglo XIX se unen para votar apruebo. Llegamos a una paradoja: el comando del apruebo va desde el Partido Comunista hasta Renovación Nacional. Los hechos están a la vista y ahorran comentarios. Claro, nadie habla de estos pactos políticos, porque no es conveniente, no se debe mostrar debilidad por el sagrado Apruebo, por último eres un traidor si mencionas o visibilizas este hecho, pero la política real es una y debe ser abordada. Hay varias formas de ser chileno; yo elijo la crítica.  

martes, 15 de septiembre de 2020

 

 

Becarios chilenos olvidados por el estado. Entre la ignominia y supervivencia.

Ewald Meyer   ewald.meyer@hotmail.com


No novedad para nadie que la asignatura llamada Investigación y Ciencia está al debe en nuestro país. Desde hace muchos años que los recursos y el financiamiento principalmente para iniciar postgrados vinculados a la investigación científica cuentan una azarosa historia, sistemáticamente invisibilizada y en muchos casos con finales complejos. Un dato, el promedio de inversión en ciencia y tecnología de los países de la OCDE es del 2.5% anual del PIB, y en Chile no alcanza al 1%. Dato duro que deja desde ya, fuera de juego al Estado Chileno en este ámbito.

En enero de este año el gobierno anunciaba con bombos y platillos el cambio de nombre de la Comisión Nacional de Investigación científica y tecnológica (CONICYT), por una nueva nomenclatura llamada, Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). Su directora, aseguraba una nueva gestión hacia afuera, la continuidad de las becas y recursos para el complejo sistema de investigación y becas que se hace estrecho y reducido en Chile. En Abril, la diputada Camila Flores propone la suspensión de Becas Chile para destinar las ayudas a la clase media y Pymes. Finalmente en mayo de este año, se anunciaba lo que todos temíamos, la suspensión de becas y ayudas para el año 2021. Las alarmas sonaron entre los becarios chilenos que aceptados en posgrados en prestigiosas universidades de renombre mundial, veían truncadas sus legitimas aspiraciones de ser mejores profesionales y aportar desde la ciencia a un Chile más justo. En este contexto, los becarios que cursan en el extranjero quedaron naturalmente a la expectativa del gobierno y sus nuevos anuncios.

En este desolado panorama en que el Gobierno da carpetazos , tras carpetazos , sin que algún honorable se digne a decir algo o esbozar una defensa de un bien estratégico para el país como es el conocimiento científico, manoseado hasta el hartazgo por la clase política en aras del tan ansiado desarrollo del país, hoy solo se ve a un puñado de becarios en el extranjero, muchos de ellos con carreras brillantes, intentando flotar económicamente, ante los embates de sucesivos anuncios del gobierno, uno más nefasto que el otro. La pregunta que naturalmente como ciudadano se hace es: ¿realmente nuestra elite gobernante quiere el desarrollo en ciencia y tecnología del país o sólo recortar en el presupuesto con la excusa de la pandemia?.

 

Ciencia y Pandemia.

 

Nuestro modelo de desarrollo de investigación está en pañales, y la actual pandemia develó este hecho. Los centros investigación cuentan con pocos recursos, y los becarios nacionales que emprenden la épica carrera de abrazar una especialización en el extranjero durante años para empaparse sistemas desarrollados de investigación, no tienen un seguimiento al retorno, y en el mejor de los casos deben volver a salir del país, en busca de mejores horizontes. Esa antigua frase repetida del siglo XX; “fuga de cerebros” es una realidad hoy.

 

Todos los días somos bombardeados por los medios de comunicación, con la noticia del descubrimiento de una vacuna que cure definitivamente el COVID 19. Pues bien, Chile está a distancias siderales de adquirir la tecnología para crear esta vacuna simplemente porque nunca existió un plan estratégico plausible destinado a implementar sistemas sofisticados de investigación. Se ha recortado el presupuesto, muy a la chilena, y no se piensa en la reanudación de programas que apunten a ese objetivo. No hay una visión estratégica de mediano plazo en este sentido por parte del estado Chileno que banaliza y ve las becas y desarrollo tecnológico como un gasto suntuario, son algo prescindible, descartable, y el estado chileno simplemente burocratiza este “servicio “para fines políticos sin mayores pretensiones. La frase recurrente es: estamos a años luz de un desarrollo tecnológico integral, no hay plata para eso, frase repetida a lo largo del siglo XXI como una letanía conveniente, inmóvil de consuelo. No hay conciencia que en el mundo actual la tecnología y su corolario asociado al desarrollo de investigación, es un bien de seguridad nacional. La visión es de un estado decimonónico más inclinado al armamentismo y la seguridad nacional  y se limita a las esferas castrenses, dejando en la práctica este flanco fuera de juego. Poco se entiende entonces en este contexto, la investigación y la capacitación de una masa crítica de profesionales destinados a generar nuevos conocimientos y soluciones en el país, con el objetivo de prepararse para desafíos a los que el mundo se enfrenta en este siglo. El privilegio sigue siendo la lógica mercantilista añeja, ya obsoleta en esferas sofisticadas, con su versión suavizada de “La buena gestión” para manejar la ciencia y tecnología.

 

Becarios al banquillo

 

Básicamente hay dos vías para obtener becas de posgrado en Chile. Una es mediante las organizaciones y países que tienen convenios internacionales vigentes con Chile, para eso la AGCID administra este capítulo desde hace ya treinta años. La otra vía y quizá la más “onerosa” para el estado chileno, es otorgar becas a ciudadanos chilenos( Becas Chile) con serias ínfulas de suprimir del todo con la nueva-antigua agencia que bajo un eufemismo, cambia de nombre para encaminarse a una organización destinada a la gestión. Es decir, jibarizar aun más el andamiaje de los recursos a fin de utilizarlos en otras aéreas, a juicio de “supuestos especialistas” al servicio del estado en aéreas prioritarias.

 

¿Y los becarios?, pues bien, jamón del sándwich, a nadie parece importarle su destino. El ministerio piensa hoy en prolongar el pago de los estipendios por seis meses a modo de escena final y cierre de telón, después los becarios quedarían a su suerte. Se ha sugerido que la nueva orden dice relación con el autofinanciamiento de becas de investigación y posgrados y deben buscarse en otros medios de financiamientos. Ya el preludio de la autogestión en materia científica, retiro definitivo de dineros estatales, el estado tiene otros problemas que atender, se argumenta. Varados en el extranjero, muchos asumirán problemas de visa, permisos y seguros médicos que caducan, pero a quien le importa eso, menos al estado chileno que sacando una solución conocida de la chistera, no le interesa; endeudarse con la banca.

 

Recordé una historia enterrada en el siglo XVIII, en la cual Carl Friedrich Gauss becado por el duque de Brunswick., y en una de sus frases dice “La dignidad de la ciencia misma parece exigir que todos los medios sean explorados para que la solución de un problema se dé en forma elegante y célebre.”

 

jueves, 10 de septiembre de 2020

 

Salvador Allende y el Ajedrez: una partida inconclusa.



Ewald Meyer Monsalve
ewald.meyer@hotmail.com

 

Introducción

 

En el palacio de la Moneda, residencia de los presidentes chilenos, el ajedrez es un compañero fiel desde hace mucho tiempo. Incluso más de un presidente citó al palacio presidencial a un maestro para jugar un par de partidas en el Chile republicano. Salvador Allende Gossens, presidente socialista ( 1970-1973) aprendió a jugar a temprana edad con un amigo anarquista llamado Juan Demarchi en Valparaíso. Como buen socialista y admirador de la URSS potencia ajedrecística del siglo XX, el ajedrez era un lugar común en las reuniones con los compañeros de partido e incluso cuando había que matar el tiempo, por tanto, no extraña el énfasis que su gobierno imprimió a la organización y competencias de este noble juego. El 8 de septiembre de 1973, pocos días antes del golpe militar, el esposo de una de las hijas de Salvador Allende, recuerda la vigilia que hacían junto al compañero presidente, jugando ajedrez y alertas a lo que pudiera ocurrir. Era el preludio a la caída.

 

El ajedrez y la ley del deporte.

 

A mediados de los años sesenta el deporte nacional no pasaba de ser amateur, excepto el futbol deporte rey, las otras disciplinas quedan a la suerte de que la organización interna o sus cultores pudieran darle algún grado de seriedad o estructura. El ajedrez, no fue la excepción y como atestiguan las crónicas en torno a las finales absolutas, cada año era más complicado reunir por un periodo de tiempo a los finalistas del certamen por diversas razones, pero quizá la más poderosa fue por la escaza profesionalización y fondos destinados a las sesenta y cuatro casillas. Esta realidad intentará ser cambiada con la ley del deporte 17.276, primera en su género en Chile y promulgada a fines del gobierno de Eduardo Frei Montalva. Como novedad crea la DIGEDER, un organismo centralizado que monopolizará las políticas deportivas en el país. Asimismo una serie de iniciativas, impulsadas por ley para estimular el deporte en regiones, diferencia el deporte masivo del deporte competitivo. Sin embargo, el financiamiento sigue siendo un problema sin solución dado que Chile desde la década de los sesenta entró en una profunda secuencia de cambios sociales y el deporte aún parece estar rezagado en el concepto de desarrollo.

Con todo el ajedrez avanza de forma silenciosa y a pesar de que las actuaciones esporádicas del flamante y único Maestro Internacional chileno René Letelier, a ratos parecían levantar la mano a nombre del ajedrez chileno, las competencias eran bastante reducidas. La aparición del campeón norteamericano Robert  Fischer que en la década de los cincuenta recorrió Sudamérica y Chile, marcaron en el mapa ajedrecístico a Chile. Con toda, las apariciones de nuestro elenco nacional en las olimpiadas de ajedrez, suerte de selección chilena en el campeonato mundial, eran muy discretas, evidenciando el bajo nivel de nuestro ajedrez criollo.

 

Nuevos aires socialista para el Ajedrez.

 

Chile país centralizado, tiende a renovar sus autoridades al ritmo de los cambios políticos que ocurren en el país. La llegada de Salvador Allende al poder reestructuró la federación de ajedrez. Sergio Costagliola Carotti que ya en la década del sesenta había mostrado una administración ascendente, primero en el Club de Ajedrez Chile decano del ajedrez chileno, y luego en periodos alternados en la Federación de Ajedrez, ahora nuevamente elegido se aprestaba a darle un nuevo impulso al ajedrez nacional. A inicios de 1971 en una entrevista al Diario en el Mercurio, Costagliola, señalaba un ambicioso plan de desarrollo para el Ajedrez nacional, con el objetivo de sacar a Chile del bajo nivel sudamericano, de hecho hasta la década de los 70´ningún jugador chileno había jugado un Interzonal siempre copados por Brasil y Argentina. Crear una escuela de monitores, descentralizar con delegaciones regionales, ampliar en consecuencia las fases previas a la final absoluta del campeonato de Chile, las conocidas semifinales a otras zonas del país. Asimismo, estimular el ajedrez escolar y dotar a la federación de juegos físicos de ajedrez para su difusión a lo largo del país. Con motivo de un Panamericano(1971) en Argentina que Chile remata en el cuarto lugar, Costagliola declara en un pasquín argentino que Chile está en un “ resurgimiento “ del ajedrez y tiene como objetivo solicitar a la FIDE el match por el campeonato del mundo entre Spassky y Fischer. Declaraciones ambiciosas pero que revelan el estado de ascenso del ajedrez en Chile. En ese contexto, por intermedio de la embajada Soviética en Santiago es enviado en gira el flamante campeón de la URSS del año 71´, Vladimir Savon, Gran Maestro que desarrolla una serie de actividades en el país. Vence en un Torneo en La Serena a toda la élite chilena ajedrecística en solitario y sin contrapeso. Se hablará posteriormente de una victoria en “un modesto” torneo para un jugador de esa categoría(, pero sólo revela el bajo nivel en el que habitaba el ajedrez chileno. A modo de corolario decir que la selección chilena de ajedrez no jugará la Olimpiada de Ajedrez de Skopje en 1972.

 

Nuevas figuras del ajedrez chileno: Canobra y Donoso

 

Con todo, el ajedrez vive un periodo de masificación y popularidad. El match por la corona mundial entre Boris Spaasky y Robert Fischer tiene tintes épicos y es ampliamente cubierto por la prensa en el mundo. Ya con el match previo de candidatos en Buenos Aires(1971), entre Pretosian y Fischer el ambiente sudamericano se había insuflado de una energía ajedrecística que colaboró a su masificación.

El perfil del ajedrecista criollo era amateur. Impulsado desde pequeño en alguna ciudad grande de Chile, jugando algunos torneos o afiliado al club local, su progreso dependía de la suerte que tuviera algún mentor o profesor, más bien el mejor jugador de la zona y luego poder acceder a torneos en Santiago. No había sistematización y su persistencia en el ajedrez dependía de características personales. Muchos abandonaron el ajedrez por otras actividades, incluso siendo finalistas de Chile. Por otro lado, la representación nacional en torneos internacionales, dependía mucho de la familia y su situación económica.

Con todo, dos figuras irrumpen con fuerza en bajo la administración de Salvador Allende. El Maestro Nacional Juvenal Canobra(1937-2019) y el Maestro Fide Pedro Donoso. El primero finalista de Chile en sucesivas finales absolutas nacionales en la década del sesenta. Representa a Chile en el Zonal, eliminatorio al campeonato mundial, en Mar del Plata Argentina en 1969. Más conocido por su “Manual de Ajedrez “ editado por Quimantú(1972), editorial que tenía como objetivo masificar la lectura de textos en el país al precio de una cajetilla de cigarrillos, su contribución fue fundamental para extender el ajedrez a nivel escolar en la década de los setenta y ochenta. Amigo del poeta Jorge Teillier( de Lautaro) y como recordaría la diputada Carmen Hertz en sus memorias, un hombre virtuoso y lleno de entusiasmo por la vida, el arte y el ajedrez. Su labor de promoción en el Gobierno de Allende fue notable, condujo un programa de ajedrez en el canal 7 de televisión, “Gánele al Campeón”(1973). Después del Golpe de estado, debió ir al exilio a Venezuela y su labor y nombre silenciado deliberadamente por las autoridades militares.

La segunda figura, es Pedro Donoso Velasco(1944-2001), campeón de Chile varias veces en el periodo sesenta y setenta. Maestro Nacional y Maestro de la Fide, fue el iniciador de la llamada “Escuela Chilena de Ajedrez”. Conocedor profundo de la enseñanza del ajedrez y dotado de un talento ajedrecístico y pedagógico único, en sus continuos viajes al extranjero pudo constatar la fuerza de la escuela rusa que campeaba en su época. Con un diagnóstico crítico del nivel amateur del ajedrez chileno, sus metodologías artesanales muy asociadas al ensayo y error, sujetos al talento del momento y la improvisación. Llevaba un registro personal de cada jugador chileno y su perfil ajedrecístico. Comprendió tempranamente que Chile no poseía ningún maestro de ajedrez de peso a nivel internacional, menos con alguna proyección por la inexistencia de una escuela o academia solvente y competitiva. Dueño de una amplia cultura, versado en matemáticas y física con seguridad el Maestro Donoso creía en la escuela estructuralista y clásica del ajedrez, y fue eso lo que le granjearía el prestigio como un docente eximio del deporte luego de su temprana muerte. Por eso ya en tiempos del Gobierno de Allende iniciaría una primea fase de diseño de un método moderno y profesional de enseñanza, teniendo como marco a la escuela soviética de ajedrez. Si bien, este largo proceso iniciado en la década del setenta, daría frutos sólo a inicios de la década de los ochenta en plena dictadura militar producto de una serie de factores internos y externos. La labor del Maestro Donoso fue tan profunda en el ajedrez chileno que hoy sus alumnos, cuarenta años después siguen siendo señeros en la enseñanza de este noble juego. A pesar de su temprana muerte y desechando una promisoria carrera este maestro chileno prefirió colocar la primera piedra de la escuela chilena de ajedrez. Fue durante el periodo del corto gobierno de Salvador Allende que el impulso al ajedrez constituyó un ejemplo y  sirvió de herramienta educativa que permitió una serie de iniciativas de masificación del juego ciencia.

Asediado como en una partida de ajedrez, Salvador Allende, resistiría el día 11 de septiembre de 1973 en el palacio de la Moneda entregando su vida, y dejando inclusa esa partida de ajedrez con el pueblo chileno y el proceso revolucionario.

martes, 25 de agosto de 2020

Reseña: Ernest Geller Nacionalismus( Brno.Česka Republika.Centrum Pro Studium Democracie a Kutury 2003. )133 páginas

 

Ewald Meyer Monsalve*

ewald.meyer@hotmail.com

24 de agosto 2020

A pesar del tiempo transcurrido de la publicación de este libro, casi veinte años, y con múltiples traducciones en varios idiomas, la obra de Ernest Gellner sigue siendo sugestiva porque el fenómeno del nacionalismo en algún rincón del mundo es un tema de debate. Hoy con el fenómeno de la globalización, algunos movimientos nacionalistas han vuelto surgir con fuerza, y como punto de apoyo la teoría de este investigador checo es insustituible a la hora de buscar explicación.

Poco antes de la muerte de Ernest Gellner en su apartamento en Praga, el sociólogo checo-británico tenía preparado este texto que refresca su famosa teoría del nacionalismo y viene a ratificar su extenso legado de ideas en el occidente académico. Traducida de la edición británica, el SDK de Brno a modo de homenaje trabajó en su elaboración hasta completar el texto que se reseña. El libro si bien es corto, expresa las líneas generales el significado que el autor quiere que el lector interprete a la luz de su teoría. La edición en idioma checo, sin embargo, es poco conocida y requiere cierto estudio[1].

El nacionalismo es un fenómeno que se ha expresado a través de la historia reciente, sin embargo, Gellner nos señala que necesariamente ocurre bajo ciertas condiciones sociales, en la transición de una sociedad agraria a una sociedad industrial. Es ese el momento exacto en el mapeo conceptual e histórico en que se registra la entropía social que va a llevar a que esta marea social, denominada nacionalismo, sea protagonista de un proceso histórico con implicancias políticas y sociales. Para apoyar este argumento Gellner señala que en la edad media fue imposible vislumbrar algo similar a la marea nacionalista, la sociedad agraria poseía una cultura refinada menos homogénea y accesible a las capas inferiores de la sociedad por intermedio de la religión y con baja alfabetización, por tanto poco aglutinadora, socialmente hablando. El fenómeno está sustentado en una tipología más profunda que el autor expresa a modo explicativo lejos de especulaciones filosóficas metafísicas, sin embargo, despierta muchas críticas y oposiciones en el mundo académico que dan tratamiento al problema. Con todo, el nacionalismo y su programa está mediatizado por la homogeneidad que la sociedad industrial necesita para los estadios secuenciales de desarrollo, principalmente económico e implícitamente por la cultura, expresado en la alfabetización, un idioma vernáculo y un sistema de enseñanza escolar nacional. Por otro lado, necesariamente la nación como unidad cultural, en muchos casos reinventa su pasado con miras a la articulación efectiva de una lucha nacionalista exitosa, expresado en un movimiento nacionalista. Esta configuración de un estado nacional, primero con su correlato en una unidad nacional singular, refiere a la concreción del paraguas político necesario para estadios de desarrollo de una determinada población homogénea culturalmente, o al menos tolerante con la diferencia. Sin embargo, no es un proceso lineal, menos aun garantiza que el nacimiento de la nación, y su correlato en estado nacional sea concretado políticamente. Desde una perspectiva sociológica complementada con el desarrollo histórico contemporáneo, el nacionalismo como movimiento es ante todo una reacción política impredecible que no está contenida un determinado momento histórico señalado para elevarse a estadios superiores, muchos son los llamados, poco los elegidos, señala Gellner. Con todo, las variantes de esta teoría son múltiple y abrir la puerta de la fenomenología del nacionalismo es un activo que Gellner sabe debe verificar como sujeto de análisis ante todo. Es en este contexto, que el autor va a ratificar y dejar este libro como legado de su aporte a este complejo tema.

Con un prologo del sociólogo y profesor Jiri Musil( Universidad Karlova de Praga) a nombre del SDK y otro del profesor David Gellner, etnógrafo británico y especialista en religiones, la edición contiene doce capítulos relativamente cortos que profundizan en algunos aspectos poco estudiados o visibilizados en la teoría de Gellner. En capítulo tres va a volver sobre el tema de los estadios evolutivos poniendo énfasis en el desarrollo tecnológico. En él se vislumbra las nuevas coyunturas que plantean al fenómeno del nacionalismo la aparición de un desarrollo tecnológico en ciernes.  

En la multiplicidad de ejemplos que el autor presenta, siempre nos está retrotrayendo a una evidencia fundamental en torno al momento histórico en el que los movimientos nacionalistas surgen, esta característica es fundamental en la teoría de Gellner, la hace atractiva y útil, a diferencia de otras teorías que se equilibran en supuestos teóricos. La cultura juega a juicio de Gellner, un papel fundamental, es el punto de inflexión para desencadenar la reacción político social que engendra el movimiento nacionalista. Este hecho tiene que ir de la mano con el surgimiento de un estado que logre aglutinar a la nación en su seno. Es decir, la nación no es un concepto natural como se creía en la literatura clásica e incluso no es un parte de un mesianismo ancestral, es resultado de la lucha nacionalista, pero necesariamente necesita un estado para el éxito político social de la lucha nacionalista, con la refutación de esta idea marca un antes y un después en el análisis del fenómeno nacionalista. Los mitos que muchos estados van configurando en esta lucha, incluso el arreglo o invención de una historia común, son parte de este proceso y pueden durar mucho hasta lograr la madurez y momento histórico preciso.

Un legado sin duda, de este prolífico sociólogo checo-ingles que revolucionó el campo de la fenomenología del nacionalismo.



[1] Recordar que varios investigadores checos han incursionado en el estudio del nacionalismo como fenómeno. El más reconocido y en la línea de Gellner, Miroslav Hroch, profesor e investigador de la Universidad Karlova de Praga.



* Licenciado en Historia PUCV Chile. Ph.D. Universidad Karlova de Praga , R Checa.Investigador Asociado Universidad Cesar Vallejo de Perú.

domingo, 5 de abril de 2020

CUENTOS BAJO CERO

EWALD MEYER. EDITORIAL LA CÁFILA. VALPARAÍSO 2006.

FINIS TERRAE


“Miro mi cara en el espejo para saber quién soy,
para saber cómo me portaré dentro de unas
horas, cuando me enfrente con el fin.
Mi carne puede tener miedo; yo, no.”

“Deutsches Réquiem”, José Luis Borges.



Mi nombre es Karl Friederick, pero adopté el latino de Alexius      Seppetus. Nací en Könningratz el año 1670 y mi familia pertenece  a linaje noble desde la entronización de Carlos IV en Praga. Otto Von der Heyde, mi abuelo, fue abatido en la Guerra de los Treinta Años en una carga de caballería en las cercanías de Olmütz. Lo heroico del episodio esconde el espejismo de un trágico final. Mi padre perteneció a la Corte de Bohemia. Fue embajador ante los reyes hispanos y siempre afirmó que nuestros antepasados defendieron la fe contra los sarracenos. En cuanto a mí, abracé la vida monástica buscando la verdad. Estudié a los padres de la Iglesia y bajo la sombra de la escolástica critiqué a los clásicos. Asistí a las disputas doctórales en la Universidad Jaggelonian. En Cracovia avizoré los insondables caminos de la fe y vagué a orillas del Vístula, inmerso en cuestiones teológicas. Las preguntas dieron paso a la obsesión. Leí en cubículos apartados libros prohibidos y en Praga deambulé por estrechas callejuelas discutiendo con hermanos más avezados en el arte de dirimir cuestiones de fe. Mi temor esencial se convirtió en certeza. Soy un penitente y lo sé. El recuerdo de quien soy en medio de la brisa primaveral no puede arrancar la pena capital que pesa sobre mí.

El largo viaje bordeando el Estrecho de Magallanes es una alegoría del Infierno. El tormento del barco y las pestilencias de la estrechez fustigaron mis creencias la mayor parte del viaje. Vi caer animales y gentes por la borda. Vi a muchos morir por el mal de marea. Asistí a enfermos en el lecho de muerte en tormentas interminables. El desembarco en la bahía de Quintero fue el fin de una tragedia. Agotado en la hacienda de mis hermanos, las piernas se rehusaban a mantenerme erguido.

Se me acusa de corromper mentes. Se me acusa de apostasía y la paradoja de la existencia impide ver la cara de mis cancerberos. Las nuevas tierras de su majestad distorsiona la mente de los súbditos que llegan a convertirse en bestias absurdas. No pretendo defenderme de cargos imposibles a los ojos del altísimo, no pretendo esgrimir falsos argumentos contra las desviaciones fabricadas a partir de interpretaciones espúmeas y endilgar en la exterioridad el fin de mi existencia, que hoy carece de valor. El juicio fue corto y la defensa inútil. A la culpabilidad de la sentencia opuse oración profunda. Las ideas que se infieren a partir de mis disertaciones en algunas reuniones se sumergen en la ignorancia de quienes las profieren. Profusamente se ha discutido sobre las fuerzas ocultas que determinan la ley natural y no guardo pecado en este punto. Mal se entiende nuestra labor en estas latitudes, difamada por boca de criaturas inocentes y funcionarios mal intencionados. Mi destino parece torcido por la oscuridad.

Los indios han sido bendecidos y adoctrinados y las autoridades del Imperio no deben guardar reparo. Nuestros hermanos han sido victoriosos en la fe. Las criaturas que habitan la accidentada geografía del Reino de Chile caminan por la senda correcta, y a pesar del trance que sufro, guardo amor por ellos. La inmensidad de estas tierras permite divagar con libertad en torno a imposibles. Las cosas parecen regresar a la antípoda del pensamiento y lo irreal de ciertos paradigmas, destruye su efecto. La lejanía de los hombres, en medio de valles secos y pedregosos, fustigan al creyente convencido y lo paupérrimo de la materialidad agobia con frenesí a los que intentan penetrar en la profundidad. Asumo con vergüenza que la redención en la descripción de mis penurias no tiene sentido. Sólo deambulo por mi mente con el recuento de una frágil existencia en estas tierras. No tengo temor a enfrentarme a la muerte, aunque llegue de súbito. La venalidad de mis captores y la sagacidad de los indígenas que susurran a ratos un dialecto conocido tal vez precipiten la resolución.

Estoy a pocas leguas de la Bahía de Quintil, hoy llamada por los españoles Valparaíso. Arribé hace cinco años desde Bohemia, tras una larga travesía por Magallanes a estas Finis Terrae. El Reino de Chile será mi última morada y no acabo de imaginar la manumisión de todo el que muere en circunstancias similares. La justificación tiene algo de impenitente en medio de esta inmensidad, pero ya es tarde. Hay un tiempo finito cruzado por fuerzas ignotas. Es el final.

miércoles, 17 de octubre de 2018

AMÉRICA Y AMERICANISMO EN LOS ESCRITOS DE JENARO ABASOLO, FILÓSOFO CHILENO DEL SIGLO XIX


Lingua et vita 10/2016  EWALD MEYER MONSALVE Jazyk, kultúra, komunikácia




AMERICA AND AMERICANISM IN THE WRITINGS OF JENARO ABASOLO,  CHILEAN PHILOSOPHER OF THE NINETEENTH CENTURY

EWALD MEYER MONSALVE


Abstract This study aims to review the American imagination that built Jenaro Abasolo, based on their texts and thus outlining another concept that emerges from the same reflection as "Americanism ". In this context, it is essential to review the approach that this Chilean philosopher makes this topic in his writings and try to set their contribution to Latin American philosophy. Also present their biography and links with the Latin American political reality in the second half of the nineteenth century.

Keywords: Abasolo, Latin, Americanism, Philosophy, Chile, personality, politics, ideas, historiography, culture

Resumen El presente estudio tiene como objetivo revisar el imaginario americano que construyó Jenaro Abasolo, basándose en sus textos y esbozando de esta manera otro concepto que se desprende de la misma reflexión como el “Americanismo”. En este contexto, es imprescindible revisar la aproximación que este filósofo chileno hace de este tópico en sus escritos y tratar de configurar su aporte en la filosofía latinoamericana. Asimismo presentar su biografía y vínculo con la realidad política latinoamericana en la segunda mitad del siglo XIX.

Palabras clave: Abasolo, América, Americanismo, Filosofía, Chile, la personalidad, política, ideas, historiografía, cultura.

Introducción En el ámbito de la discusión cultural que se libró en Chile durante la segunda mitad del siglo XIX, la figura de Jenaro Abasolo Navarrete fue vista desde la contracorriente. Claramente su pensamiento no se consideró a cabalidad y las razones principalmente tienen sus raíces desde la perspectiva política. Es un hecho que el americanismo desarrollado en todo el continente, tuvo su evolución desde los primeros escritos esbozados por los próceres del proceso de emancipación iniciado en 1810. Es en la búsqueda de un nuevo paradigma cultural que muchos intelectuales sudamericanos comenzaron a reflexionaron en torno primero desde una perspectiva política, luego sobre la cultura y la sociedad. La fuerza de estas nuevas visiones dice relación con la dicotomía entre progreso y atraso. Es en este contexto, que las soluciones discursivas transitaron desde la política, por ejemplo con nuevas concepciones de ordenamiento republicano. Otro punto esencial fueron las claras evidencias en torno a la amenaza potencial que Estados Unidos comenzaba a esbozar hacia las repúblicas sudamericanas, muchas de ellas sumidas en guerras intestinas y convulsiones políticas. La idea de continuidad en torno a la búsqueda de una identidad común, la lucha política desde la soberanía frente a hegemonías externas, tiene la fuerza del pensamiento del filósofo chileno. En ese contexto, el presente estudio aborda en primer término la biografía del pensador, luego la posición historiográfica que tiene Abasolo y finalmente la perspectiva de su americanismo, teniendo en cuenta sus escritos.



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Biografía Aún hoy no hay certeza sobre su año de nacimiento, pero hemos de fiarnos de sus coordenadas espacio temporales que lo sitúan, atestiguadas por su hija flora Abasolo, de su nacimiento en Santiago el 20 de septiembre de 1833. Su vida en Chile y Europa gira en torno a retazos y oscuridad prolongada que no dejan ver la profundidad del cómo habría estructurado su corpus filosófico político a lo largo de su vida, y menos las fuentes intelectuales que habrían influido en su pensamiento y que retomaremos más adelante (Abasolo, 2013). El primer hecho de su niñez que certeramente configuró su carácter fue la muerte temprana del padre, don José Ramón Abasolo, miembro de una rama vizcaína muy tradicional en Chile del siglo XIX (Figueroa Virgilio, 1925) de emigrantes dedicados con tesón a los negocios. Este hecho tendría gran trascendencia en la vida del filósofo, ya que habría determinado su vida temprana como comerciante y burócrata, destinado a sostener a su familia, sin más que bienes a explotar y acrecentar. La composición social que se le atribuye al filósofo chileno, sin embargo, no es clara en cuanto a la pertenencia a un grupo diferenciado como la oligarquía chilena (MartínezCordero, 2013). En este sentido, la impronta de outsider sería determinante para estimar que si bien, su raigambre esta dentro de la “oligarquía tradicional”, su vida, en realidad transitó en la pequeña clase media gris sin figuración alguna (Martínez-Cordero 2010). A los veinticinco años debe detener todas sus actividades y viajar a la república Argentina, producto de una falla atribuida a sus humores y decaimiento generalizado. Podemos si atestiguar que tempranamente fue diagnosticado de una enfermedad mental no tipificada en su tiempo. Neurastenia es la denominación clásica que hoy tiene la medicina clásica para el trastorno de humores, sin embargo, la certeza que haya padecido algún tipo de depresión o distimia no se descarta, basándonos en sus cartas incluso al final de sus días que revelan estados fuera de toda explicación como el aislamiento, fatalismo y estados taciturnos. Su hija testimonia rasgos excéntricos como la falta de ánimo y el mal carácter que con seguridad le pasaron la cuenta a la hora de vincularse con la elite del momento (Abasolo, 1907). Con todo, fue alumno del Instituto Nacional en Santiago de Chile y continuó sus estudios de agrimensor titulándose a los diecinueve años en la Universidad de Chile. Siguió la línea familiar de los negocios relacionados con la agricultura, pero su inclinación a las letras generó de inmediato artefactos literarios que siendo adulto joven lo impulsó a cultivar la poesía y prosa. Los viajes acompañaron frecuentemente al filósofo. Estuvo en Argentina, primero Mendoza y Buenos Aires que algunos estudiosos aseguran frecuentó las tertulias de Domingo Faustino Sarmiento. Tardíamente iniciaría un periplo, primero por el pacífico a Perú y posteriormente por Europa que tendría por misión la publicación de algunos escritos. Respecto a sus influencias intelectuales, bajo una perspectiva educacional se acogió bajo los designios de Michelet y Quinet, habituales del pensamiento liberal afrancesado en el Chile de la primera mitad del siglo XIX, siguiendo la línea de pensamiento iniciada por Francisco Bilbao, del cual es tributario Jenaro Abasolo. Se percibe también en sus escritos la influencia de Kant y Hegel, como la literatura clásica greco latina. J. S. Mill y Alexis de Tocqueville tienen referencias en las ideas planteadas por el filósofo, básicamente en el intento por construir un sistema filosófico basado en el novedoso concepto de “La Personalidad”. Entusiasta de la política en 1861 publicó “Dos palabras sobre la América y su porvenir” (Santos Herceg, 2011), pocos años después sale a la luz en 1866 “La religión de un americano”, y en 1872 otro folleto atribuido al filósofo “Los Pobres y Los ricos o lo consumado y lo posible” (Abasolo, 1872). Conviene detenerse en este opúsculo que marca el inicio del proyecto de “La Personalidad” como concepto. Este panfleto, anónimo y que tardó en ratificar la autoría de Abasolo, confirmada por su hija, es ilustrativo bajo la óptica del diagnostico social y anatomía de la clases populares. Tópicos como la falta de educación, acumulación de riqueza y egoísmo de la clase dirigente, asumida desde la oligarquía política son elementos que pre configuran las disquisiones de “La Personalidad” americana. Arrancando desde Chile, pero soslayando la crítica que algunos intelectuales como Domingo Faustino Sarmiento hicieron de la “barbarie” en la cual estaba sumido el bajo pueblo, Abasolo


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resalta las virtudes de esta clase social, atribuyéndole su opresión al egoísmo que político que demuestran las clases dirigentes. Este romanticismo, muy en boga a mediados del siglo XIX, sin embargo, a juicio del “chileno” solo es comprensible en la ignorancia y falta de conciencia política que en un futuro “el proletariado  tradicional” tendría. Son categorizaciones, sin embargo, que se han estrellado con la interpretación marxista de la historia. Es un espejismo pensar que este intelectual, se refería al proletariado como fue pensado por Marx. Por tanto, su búsqueda se encaminará en los escritos sucesivos.      Administrando fundos logró junto a su hermano pingües ganancias que le permitieron viajar a Europa y residir años sin contratiempos, manteniendo una familia huérfana de madre en Chile. Hacia 1877 en Bruselas Jenaro Abasolo publicó “La Personnalité” (Abasolo, 1877). Este libro, sin visibilidad intelectual hasta hoy, sin embargo, catapultó a su autor a un status de excelso y generar“ el problema” de ser considerado “el filósofo chileno más importante del siglo XIX”1, pero paradójicamente el más desconocido de todos. “La personalidad Política y la América del porvenir”, fue publicada póstumamente en 1907 y reeditada el 2013. Con todo Jenaro Abasolo murió olvidado en octubre de 1883 en Santiago de Chile.



Imagen 1. Primera página de la edición original del  ejemplar publicado en Bruselas 1877, por Jenaro Abasolo de “La Personnalité” (Autor foto: Ewald Meyer Monsalve)

El problema historiográfico en torno a la obra de Jenaro Abasolo Hay varios problemas desde una perspectiva histórica con la figura y corpus del filósofo chileno (Meyer, 2016). En primer término, su obra aún no termina de ser publicada, y sus escritos han ido emergiendo durante gran parte del siglo XX. Por otro lado, algunas de sus obras, pienso en “Los Pobres y los Ricos” y “La Personalidad Política y América del Porvenir”, han sido abordadas con poca profundidad. Con todo, su extensa obra permanece aún velada (Figueroa Pedro Pablo, 1895). Segundo elemento a considerar en esta problemática, se vincula con la vida del autor y sus influencias intelectuales que han sido poco abordadas,
1 Consignado en la página www.dibam.cl , oficial del gobierno de Chile.


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manteniéndose la controversia entre la historiografía marxista y la historiografía conservadora que intentó encasillar al filósofo, arrojando confusión en el análisis. Tercer elemento a considerar es la nula incursión en torno a sus ideas y quizá el mayor pecado respecto a su obra fundamental “La Personnalité” que permanece bajo la sombra del desconocimiento, hundiendo su contenido por falta de una traducción plausible a casi ciento cuarenta años de su publicación (Abasolo, 1877). En este contexto, la escaza figuración y nula presencia en estudios de corrientes filosóficas del siglo XIX que algunos estudiosos contemporáneos han esbozado acerca de la actividad filosófica en Chile, arrojan confusión, ya que se sigue privilegiando aquellos que por figuración política destacaron en este ámbito. Desde la perspectiva de quienes hacen historia en Chile, las corrientes conservadoras solo se limitan a nombrarlo como un intelectual sin mayor relevancia pública y ajeno a la contingencia política, destinándole escaso valor a su corpus. En la otra vereda, la historiografía marxista rescató su figura a partir de los inicios de la guerra fría, en este contexto, Jobet y Segall (Segall, 1953)  investigaron con entusiasmo al filósofo, pero no con mucha fortuna y rigor histórico, lo que impidió sumar conclusiones interesantes y ajustadas de su pensamiento (Jobet, 1955). Son los precursores de la obra de Abasolo quienes durante el siglo XX se preocuparon de impulsar su pensamiento. Flora Abasolo su hija, con la publicación de La Personalidad Política y la América del porvenir, y estudiosos posteriores que se han tomado en serio las ideas de Abasolo.  Desde la perspectiva del discurso imperante en el siglo XIX chileno, se puede evaluar como el dominio de una oligarquía cultural conservadora (Stuven,1990). Oligarquía que el filósofo no compartió en lo político, y que mediante diversos mecanismos filtró y decantó los discursos “aceptables” para la opinión pública ilustrada. Asimismo, el temor relativo de que capas populares de la sociedad tuvieran acceso a determinados corpus ideológicos “peligrosos”, no permitió la circulación, generación y valoración de ideas diversas al discurso dominante que de la mano de la oligarquía basaba su tradición en el orden y este férreo control cultural. La división marcada de “Caballeros” y “Rotos” (Salazar-Pinto, 1999), no fue una ventaja para que la obra del filósofo chileno pudiera tener alguna cabida al interior de los discursos permitidos por la oligarquía chilena decimonónica. Los cambios que Chile experimento con la Guerra del Pacífico, la Guerra civil de 1891 y la espiral de crisis que asoló el sistema político institucional las primeras décadas del siglo XX, desencadenó nuevos procesos políticos que incidieron en el ámbito cultural. El primero de ellos fue una suerte de “Restauración conservadora cultural” que historiográficamente impulsó la creación de un discurso político y social tendiente a subrayar el ideario nacionalista, frente a los cambios ocurridos, un nacionalismo bajo agitación y método de alineamiento en torno a la nación. Lo anterior estructuró en lo tocante a la historiografía, por ejemplo el “mito del origen” que legitimó la oligarquía chilena y el destino redentor de la nación chilena, basado en corrientes racistas muy en boga a principios del siglo XX. Ese clima “nacionalista”, determinó la primera llamada en torno al filósofo y su edición póstuma auspiciada por su hija Flora Abasolo2. Hasta ese momento, su figura extraviada fue oída y recepcionada por ciertos sectores, al menos intelectuales. Sin embargo, esta primera alerta no fue total ni mucho menos la valoración definitiva del pensamiento y figura de Jenaro Abasolo, tan solo constituyó un inició desde el punto de vista historiográfico. Aquella “revisión” de su obra sería recogida con posterioridad y merecería una suerte de estudio inicial de su obra, primero como intelectual y filósofo “chileno” y lentamente en el pensamiento “social chileno y latinoamericano” (MacDonald, 2012). Es un hecho que la historiografía clásica chilena del siglo XIX no vinculó el corpus de Abasolo con los movimientos intelectuales y pensamiento del período, crítica y lectura, a pesar del profundo revisionismo conservador que representan en las obras monumentales de Encina, Edward y Eyzaguirre. Las razones de la ausencia del filósofo tienen varias conjeturas. En
2 Flora Abasolo escribió un sentido homenaje a su padre en la edición de “La Personalidad Política y América del porvenir” en 1907, el llamado “Homenaje filial”, quizá la mayor aproximación a la vida del filósofo.


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primer término la inexistencia en el imaginario de la elite chilena decimonónica que consideró la historia de Chile como la historia de las familias de la aristocracia castellano - vasca, un destino de triunfo y diferenciación en el Cono Sur, y la implantación de un sistema económico liberal vinculado a la explotación económica del salitre (Cavieres, 2016). Uno de los puntos interesante la “valoración”, es que la parcelación de su obra, la complejidad y manuscritos desconocidos que aún no se completa, mantiene al autor dentro del panteón de intelectuales nacionales, pero en la mayoría de los casos bajo el mayor desconocimiento de su obra. Pienso en su trama interna y las diversas aristas que los escritos de este autor sugieren. Con todo, los primeros que se toman con seriedad la revisión, estudio y clasificación de la obra de Abasolo son los historiadores marxistas.

El Americanismo de Abasolo El discurso que desencadenó la emancipación latinoamericana, puede resumirse en la idea de la oligarquía americana en alcanzar la modernidad atreves de un nuevo paradigma fundacional, tendiente al desarrollo económico y político. Es en este contexto, que la labor de muchos intelectuales del continente se abocó al diseño de nuevas estrategias para elevar a política estatal, ciertos lineamientos. Es un hecho que en lo político, La República y la democracia censitaria fueron anhelos compartidos por muchas naciones hispanoamericanas, pero el desarrollo económico tropezaba con el manifiesto atraso que el antiguo régimen español había dejado como saldo a fines del siglo XVIII. En este contexto, los vastos territorios que las nuevas repúblicas se proponían incorporar, pasaban por dotar de urbanidad y educación a la nueva realidad social. Con todo, Domingo Faustino Sarmiento, es el primero en plantear con meridiana claridad que la dicotomía del atraso manifiesto del continente pasaba por la civilización o barbarie, acogida con entusiasmo. El rechazo a una cultura agraria, tan característica en el continente, se contraponía a la urbana, plagada de luces y cultura que se hacía recomendable para el progreso del continente. Es un hecho, que el liberalismo de la mano de un positivismo acentuado entregó las bases para que se esbozara una interpretación histórica y sociológica propia. A Sarmiento le siguen Francisco de Bilbao, más radical y rupturista en su discurso, y también el cubano José Martí que echaran las bases de futuras criticas aun más agudas en el siglo XX. Como puntos fuertes de este discurso que en algunos casos no pasó de ser un ejercicio académico y en otros un cuerpo político doctrinario, sin embargo, se percibe la amenaza que los intelectuales ven en la potencia del norte Estados Unidos. Se hace consciente la idea de que como ocurrió en la primera mitad del siglo XIX, Europa aparecía con esa dualidad cultural que contradictoria es parte de la identidad latinoamericana.  La línea que algunos intelectuales tomaron en torno a un “Americanismo”, político, teórico o filosófico, se construye bajo parámetros que arrancan de las guerras de independencia en 1810. El imaginario en torno a la formación de una sola América y desde lo político se hace fuerte hasta la década de 1830, principalmente bajo inspiración ilustrada y revolucionaria. Aún hacia 1866 en la guerra contra España que como último momento unifica las naciones del pacífico (Ecuador, Perú, Bolivia y Chile) este “americanismo” se hace palpable como una idea tardía, pero plausible y mediada por la República como marco de soberanía que ya cuenta con un imaginario autonómico e identitario. Es el giro de una discusión que hacia la segunda mitad del siglo XIX se transforma en un asunto de soberanía (Jaksic, 2013). Al problema de una filosofía política, tratada por algunos autores (Abasolo, 2013), se suma otra arista no tratada: la divisoria política entre dos Américas, con imaginarios propios, a saber por una parte la elite heredera del pasado hispánico y dominante en lo político, económico y cultural, y por otra esa América de pueblos diversos, llámese etnias multiculturales, básicamente despojadas y pauperizadas por el sistema imperante que contienen una invisibilidad en el sistema decimonónico político. Es a esa América a la que apela el intelectual e intenta entregar un mensaje, más bien describir en sus textos, particularmente en Religión de un americano, Pobres y Ricos y La Personalidad Política y La América el Porvenir. ¿Qué propone Abasolo? La


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descripción de unas condiciones complejas del habitante americano que bajo la óptica de un romanticismo fijado en la personalidad especial del hombre americano, debe marcar una diferencia, en ese componente espiritual y ético que cual individuo diverso comparado al europeo decadente, funda una fuerza incontrarrestable en el porvenir (Abasolo, 2013). Es el análisis de una discusión que va sumando ideas. Por una parte el socialismo científico que surge con fuerza a partir de 1848 dentro del espectro político occidental que se hace carne, al menos teóricamente como herramienta de cambio. Sin embargo, esta idea va metamorfoseándose en igualdad política y económica, es ese uno de los aciertos en cuanto al trabajo de visibilidad que pensadores como Abasolo legaron al imaginario americano. Es real que investigadores ligados a la izquierda latinoamericana lo vinculan con el socialismo científico, en algunos casos bajo la égida del socialismo utópico, otras pre marxista, sin embargo, el problema de la conciencia individual, rasgo característico del concepto de “Personalidad” que el filósofo propone, está fuertemente vinculado al despertar mediante el expediente de la educación del habitante americano que sumido en la ignorancia y abatimiento tiene, sin embargo, un destino promisorio. En esta apuesta “idealista”, parece poco probable dar un sesgo político definido, y es ahí donde radica la complejidad de su pensamiento. Indudablemente hay una filosofía política muy acentuada en la idea de una sola patria americana, pero impulsada hacia el progreso económico y social. Se apoya en la historia como punto de partida, pero entiende que las diferencias regionales hacen inviable ese ideal primario esbozado por Simón Bolívar. Jenaro Abasolo es un intelectual tributario de la filosofía política que ve en el aprendizaje histórico una herramienta didáctica para generar cambios. Asimismo percibe que los problemas en la América del siglo XIX son similares a todos los estados nacionales, por tanto el rasgo diferenciador debe jugarse en torno a la oposición con el continente europeo, desde donde arranca la crítica ácida del filósofo y por tanto el sentido de identidad integrada a lo latinoamericano. A este camino iniciado bajo la inspiración de intelectuales tributarios de la ilustración y posteriormente inclinados al positivismo, Abasolo busca una vía propia que en solitario se estrellará con los cambios generados en el Chile de fines de siglo, quedando su discurso en una tierra de nadie intelectualmente hablando, ya que la era del salitre dará a Chile una prosperidad nunca antes vista en siglos anteriores. Con todo, las ideas sociales que nos plantea el intelectual chileno volverán a tener vigencia entrado el siglo XX.        En relación al proceso de construcción de estado en Chile hay dos momentos importantes. El primero se encauza en bajo la línea de la independencia y el nacimiento de la república construyendo un imaginario discursivo intelectual pensado, destinado a la consolidación del estado nacional y que mutará entrada la segunda mitad del siglo diecinueve. En esa etapa los intelectuales que encarnaron ideas y discursos de corte nacional se enfocaron por una parte bajo una óptica legalista tendientes a fortalecer el proyecto de estado de las elites (Pinto Rodríguez, 2008), y por otro a propagar las virtudes de una república utópica y oligárquica, más cercana a un ideal neobarroco con pinceladas de romanticismo que repúblicas democráticas o al menos monarquías constitucionales (Berlín, 2015). Con todo la idea republicana vista como una singularidad independiente con soberanía política, vinculada a una geografía definida a partir de fronteras, y ejército regular con poder centralizado coexiste con la idea de una entidad supranacional en la noción en el discurso de “ americanismo” o la “gran nación americana” que si bien es difusa, en un primer momento de las luchas de emancipación, parece alcanzar realidad con los estados nacionales colombiano, centroamericano y en parte las provincias unidas de la plata, siendo en el imaginario de los núcleos intelectuales latinoamericanos una idea eje perceptible en el discurso.  El segundo momento se inicia con los cambios preponderantes ocurridos como parte de la Guerra del Pacífico en Chile, y la conformación definitiva del espacio geográfico nacional y que desencadena un movimiento nacionalista entrado el siglo veinte, que se encauzó bajo un movimiento intelectual conservador tendiente a crear un mito iniciático plausible, en torno al estado nacional, pero ya no solo de corte republicano íntegramente estatal, sino con soporte


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cultural, a través de un retrato intelectual que configuró un panteón de héroes, historia y un discurso homogéneo y funcional al estado nacional liberal existente en el momento. Ambos momentos parecen rozar a Jenaro Abasolo, pero hasta el momento no hay certeza en torno al encaje que se pueda hacer acerca de su pensamiento y obra, enmarcada en la construcción de estado.

Conclusiones           En relación a la controversia historiográfica es necesario decir que aún el conocimiento de su vida y obra de Jenaro Abasolo Navarrete es parcializada. Asimismo, el análisis de su pensamiento permanece bajo cierto desconocimiento, producto de la poca profundización que estudiosos han tratado de esbozar, con poco éxito y limitado alcance. El contexto histórico en el cual la obra de Jenaro Abasolo se sitúa es también un punto de gran trascendencia. Situado en una época de cambios políticos económicos, particularmente en la ruptura que experimenta Chile antes y después de la Guerra del Pacífico, con la anexión del salitre, bonanza económica y auge de infraestructura y condiciones externas completamente nuevas. Es bajo la lógica anterior que el pensamiento de Jenaro Abasolo se ve profundamente afectado, desde una perspectiva exógena. Si las corrientes de pensamiento habían luchado durante la primera mitad del siglo XIX con un contexto cultural, más o menos estable, es a fines de siglo que la realidad se ve muy afectada y por tanto, la valoración de ideas como las del filósofo chileno, caen en un olvido manifiesto.     Respecto a su obra, las ideas planteadas por el filósofo solo han sido abordadas bajo la óptica de la filosofía política. Es digno de mencionar que sus influencias intelectuales, marcaron el devenir de su pensamiento, bajo autores franceses. La historia como recurso derivada de Michelet, asimismo Quinet un mentor de sus tiempos de formación inicial. Tributario de Kant y Hegel, lecturas más tardías como J. S. Mill y Alexis de Tocqueville. Tradicionalmente los pensadores clásicos greco-latinos también forman parte del panteón de influencias; Platón y Aristóteles.   La soberanía es una hebra ideológica tratada sin éxito por algunos estudiosos que ilusoriamente ven este punto el resorte esencial, pero que no explica el pensamiento de Abasolo. Asimismo el americanismo como concepto que el filósofo chileno trata de presentar, dice relación con la unión americana y su diferenciación con el vecino del norte y las potencias europeas, argumentando una identidad propia frente a la hegemonía cultural siempre apabullante del europocentrismo. Con todo, la idea de un diagnóstico en relación a “dos Américas”, una popular y otra oligárquica se percibe como plausible solo entrado el siglo XX y desde ese punto la valoración del corpus.  Por último, unas palabras respecto a la valoración de su pensamiento. Es una verdad histórica que en el tiempo que algunos de sus escritos vieron la luz, su relevancia fue nula. Las teorías básicamente se bifurcan en dos líneas. La primera que sería una suerte de invisibilidad de su pensamiento, producto de las ideas incendiarias, incomodas para elite de la época, sumado a la enemistad de intelectuales que habrían silenciado la posibilidad del debate y retroalimentación de su pensamiento, sumado a la hegemonía del positivismo como eje e ideario del progreso político y social. La segunda línea de análisis tiene relación con la deliberada invisibilidad que el autor mantuvo en su vida y de sus escritos. Por una parte, debido a la enfermedad de humores que el filósofo sufría, neurastenia, y su inestabilidad emocional tendiente a una vida retraída y solitaria. Asimismo, la falta de preocupación en la publicación de sus escritos, pensemos en el anonimato de muchos de ellos solo firmados con iniciales, hacen pensar en el poco interés demostrado por el intelectual en ganar prestigio en vida como pensador chileno y nombradía de intelectual. Con todo, sus ideas vinculadas a una clase social postergada durante el siglo XIX, fueron retomadas bajo “la cuestión social” que no solo tuvo expresión en un movimiento político, sino también desde una perspectiva “cultural”. Este


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impulso muchos años después de su muerte lleva a pensar a lo menos en una incomprensión manifiesta de su pensamiento.

Lista de bibliografía utilizada


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El Ajedrez Chileno y La Dictadura de Pinochet: Una partida complicada

Por Ewald Meyer (Chile) Publicado el 4 julio, 2015, en PIENSA CHILE.


El Ajedrez chileno hasta entrada la década de los sesenta fue un deporte amateur, sin mayores pretensiones a pesar de haber tenido visitas ilustres como Robert James Fischer antes de alcanzar la gloria mundial. Los jugadores que descollaban a nivel internacional eran pocos y el caso más controvertido de lucidez y genialidad hasta la década de los ochenta del siglo veinte, fue Klaus Junge. Este chileno derrotó sin apelación al campeón mundial Alexander Alekhine en sucesivos torneos, Praga por ejemplo, pero las circunstancias de la Segunda Guerra Mundial, su temprana muerte en el conflicto y filiación Nazi, hasta hoy mantienen ignorada su carrera y vida en relación a lo que le toca en la historia del ajedrez chileno.
Con el arribo del Presidente Salvador Allende a La Moneda, el ajedrez comenzó a tener algunos grados de importancia debido a la profusión que se dio a los libros de coste barato y el impulso natural que este juego tenía en la órbita socialista (recordar la partida simbólica entre Fidel Castro y Bobby Fischer). Los manuales de Juvenal Canobra de la editorial Quimantú por ejemplo, se constituyeron en una pieza fundamental para el aprendizaje del ajedrez. Por otro lado la cercanía ideológica con Cuba y la URSS generó un aprecio doble por parte de la clase gobernante dado el gran impulso y prestigio del juego ya en esos tiempos como herramienta educacional. El nivel organizativo contaba con la federación de ajedrez de Chile conducida por Sergio Costagliola Carotti que logró en la fortalecer el Club Chile, piedra angular de la orgánica ajedrecística nacional. Un recinto de amplios salones que permitía desarrollar todas las actividades en el centro de la capital chilena(torneos nacionales, internacionales, reuniones federativas) del juego ciencia con relativa holgura. La fortaleza de esta organización que se basaba en diversos clubes a lo largo de todo Chile convocaba para dirimir el campeón nacional en un sistema escalonado de eliminatorias (torneos provinciales, regionales, semifinales y final de Chile en Santiago). Hasta los primeros años de la década de los setenta Chile contaba con un solo Maestro Internacional: René Letelier jugador que gracias a un talento desbordante y una carrera solitaria obtuvo una membresía ajedrecística reconocida por la FIDE, en tiempos que los títulos internacionales escaseaban, como también los torneos internacionales en Chile. De hecho Letelier obtuvo sus laureles ajedrecísticos básicamente en Buenos Aires, por ese entonces principal centro ajedrecístico sudamericano. Sin embargo, el nivel de Chile en el concierto sudamericano era bajo potencias como Argentina y Brasil, este último liderado por la legendaria promesa Henrique Costa Mecking (Mekiño). Algunos jugadores con fuerza de Maestro defendían el honor nacional bajo el mítico MI René Letelier que ya hacia la década de los setenta era un jugador en declive, y como solía suceder en nuestra realidad deportiva se le exprimía en competencias hasta el hartazgo, sabiendo incluso que su rendimiento sería discreto en eventos internacionales. Entre otros Cesar Velásquez, Carlos Silva, David Godoy y Pedro Donoso completaban el panteón de jugadores fuertes a la hora de defender la escuadra nacional. Las actuaciones en justas olímpicas (cual campeonato mundial y gran evento para todo ajedrecista nacional hasta hoy en día) no eran más que un continuo de temores, aprensiones y juegos calculado para no ser aplastados por las potencias mundiales. A decir verdad hasta la década de los setenta el ajedrez chileno era un deporte discreto sin grandes
revelaciones y carente de un plan deportivo claro que augurara en el futuro algún jugador descollante que al menos clasificara (todos los cupos eran ganados por argentinos y brasileños) y solo eso a un Interzonal [1] fase de antesala a la disputa de un match por el cetro mundial. Como observadores de este panorama mundial del ajedrez, casi como cronistas solo en algunos pasajes del siglo XX había logrado centrar la atención mundial con la visita de R.J. Fischer y los jugadores que habían dedicado tiempo y dinero no rebasan los niveles de juego de la zona sudamericana. En la estructura deportiva, la federación de ajedrez se mantenía como una institución pétrea, sin grandes aspiraciones y lograba equilibrar los presupuestos para mantener las competencias en el ámbito nacional e internacional. Dicho en buen chileno, marcaba el paso como otras tantas federaciones deportivas discretas casi inexistentes en la esfera del deporte nacional.
El 11 de septiembre de 1973 la junta de gobierno mediante un golpe militar derroca a Salvador Allende. La vida apacible de los chilenos se ve drásticamente alterada y el asesinato político, encarcelamiento y restricciones a las libertades individuales y de reunión se ven seriamente afectadas. En los más recónditos rincones de organización que la sociedad chilena tuvo hasta ese momento la dictadura militar intervino bajo el sistema de soplonaje y colaboracionismo, transformándose en la práctica que una mitad de Chile espiaba a la otra mitad del país. El ajedrez no fue una excepción a la regla; algunos miembros de esta especie de logia lúdica debieron abandonar Chile y otros simplemente sumergirse en la clandestinidad abandonando el juego para siempre. Los jugadores reconocidos en el ambiente se marginaron de entregar opiniones y como una regla tácita se erradicó la opinión política en aras de preservar la práctica del juego. Disciplinadamente se mantuvo el silencio al menos hasta inicios de los ochenta. De cierta manera el temor a suprimir el desarrollo del juego y los clubes fue algo que rondo durante todo el periodo dictatorial y por tanto la vertiente política debía ser evitada a toda costa. Recordar que el derecho a reunión fue restringido en esos tiempos y el deporte pasó a depender del ministerio del interior. El ajedrez participó en las olimpiadas de 1974 con discreta actuación que fue ampliamente criticada en la revista A5CD, hasta ese momento la más reconocida en Chile. Comentarios ácidos reflejaban el estancado nivel de la selección chilena, lugar treinta y ocho entre setenta y dos competidores, compuesta por veteranos jugadores que ya se iban distanciando del nivel internacional a pasos agigantados. La olimpiada Haifa en 1976 marcó el recambio generacional que vendría aparejado de cambios radicales en todas las esferas del ajedrez chileno.
En busca de Fischer
Al finalizar el match por el campeonato del mundo en Reikiavik, el genio norteamericano desapareció de la faz de la tierra. Los soviéticos que luego del duro revés intentaron catapultar una nueva arma secreta llamada Anatoli Karpov, no consiguieron el ansiado match, simplemente porque Fischer no apareció por ninguna parte en 1975. La incógnita quedo el aire de si el portento americano habría ganado el match o no. Karpov confesaría años después que era probable que en el match contra Fischer hubiera sido derrotado de todas formas. Nunca lo sabremos, sin embargo, la desaparición del ex campeón mundial, se llenó de especulaciones en torno a la sucesión de su genio ajedrecístico: ¿Quién sería capaz de derrotar a los soviéticos nuevamente?; Esa idea impulsó a masas de jóvenes que ansiaban llegar a ser como el mítico Bobby, padres que apostaban en la reencarnación del genio de Brooklyn, chicos que devoraban libros y jugaban campeonatos como la fiebre del elegido. Chile no fue la excepción y los noveles ajedrecistas soñaban con llegar a las apabullantes estadísticas que el ex campeón mundial había marcado para cada edad como estaciones de destino al campeonato mundial. Fue en Viña del Mar que un chico de ascendencia yugoslava comenzó a deslumbrar con un juego fuerte y que acaparó
pronto todos los títulos de campeonatos nacionales de su categoría. Ivan Morovic en 1977 con catorce años jugó la final del campeonato de Chile, rematando en el quinto lugar con una sola derrota en el tablero. La perfomance del viñamarino echaba por tierra a toda la generación anterior y encendía las luces de alerta ante un sucesor posible de R.J. Fischer en occidente. Este doble juego propagandístico y político por una parte de búsqueda incansable de un sucesor occidental que humillara nuevamente a los soviéticos fue la idea que se instaló en las zonas bajo influencia norteamericana. La dictadura de Pinochet colaboraba ampliamente con Washington, la DINA con un aparato de soplonaje plenamente articulado llegaba con su tentáculo hasta los modestos clubes de ajedrez y las noticias relevantes eran rápidamente informadas. En Chile los ajedrecistas después del golpe militar eran sujetos sospechosos, tanto en los clubes como cuando viajaban a jugar al extranjero. Conocida es la anécdota del equipo olímpico chileno ingresando a Moscú y siendo revisados durante horas por la policía como delincuentes. En ese contexto, el giro radical de los acontecimientos tendría como epicentro el balneario de Viña del Mar. Morovic lideró el recambió sorprendente del ajedrez chileno. El primer factor fue la cercanía de la dirigencia ajedrecística con el poder. Sergio Costagliola, don Checho, le decían sus cercanos, era partidario de la dictadura chilena y en ese contexto mantuvo una relación privilegiada con su tocayo Sergio Badiola edecán y posterior director de Digeder. Este hecho fue pieza clave para dar luz verde al financiamiento del ajedrez y el desarrollo de la actividad a nivel nacional. Por vez primera el Estado chileno financiaba sin tapujos todas las actividades (viajes de delegaciones y torneos federados en todos sus niveles) elevando el poderío y presencia del ajedrez chileno. Iván Morovic entregó el soporte deportivo desarrollando una carrera meteórica: logró sendos empates con Garry Kasparov, obtuvo en corto tiempo el título de Maestro Internacional [2] y posteriormente se erigiría como el primer Gran Maestro chileno de todos los tiempos. Si bien, el ajedrez chileno experimentaría una leve mejoría, (en la Olimpiada de 1982, Chile obtiene medio punto contra un equipo de la URRS, quizá uno de los más fuertes de la historia) aún faltaba mucho por hacer y aspirar a llegar a niveles aceptables.
A principios de los ochenta Pinochet se propuso realizar los juegos sudamericanos en Santiago, se realizarían en 1985 y para cumplir a cabalidad ese objetivo creó la Escuela de Talentos. El modelo de esta institución fue copiado de la RDA, la idea era formar una pléyade de deportistas de elite que obtuvieran medallas en diversas disciplinas deportivas y de paso instalar a Chile en el mapa deportivo mundial, al tiempo de intentar salir del aislamiento diplomático que la dictadura chilena evidenciaba en esos tiempos. Gracias manejo político y el acceso al poder de la Federación de Ajedrez liderada por Costagliola Carotti, el Ajedrez sin ser una disciplina olímpica, fue incluido en este ambicioso plan.
Ocupando el expediente de las becas cada federación seleccionaba a sus deportistas y los enviaba a Santiago de Chile, otorgándoles además la posibilidad de estudiar paralelamente en el Internado Nacional Barros Arana. Fue la primera vez que se creó un modelo virtuoso del ajedrez chileno. Los jugadores bajo férrea disciplina y supervisados por la estructura del estado eran sometidos a un régimen deportivo digno de una gran potencia deportiva, con todos los elementos básicos como asistencia médica, alimentación y traslados, los alumnos de la escuela de talentos podían desplegar todo su potencial deportivo. Como señalo en alguna ocasión Pedro Donoso, Maestro FIDE y profesor titular de la escuela de talentos “había nacido la Escuela Chilena de Ajedrez”, parafraseando a los entrenadores soviéticos que se vanagloriaban de la “Escuela Soviética de Ajedrez”.
El sueño duraría corto tiempo, ya que el mentado sudamericano fue abortado por la dictadura y la escuela de talentos disuelta. Con todo ese “veranito” consiguió formar
jugadores que a la postre serían campeones de Chile al poco tiempo después, aunque los miembros eran pocos, lo que logró irradiar en los salones del Club Chile con profesores pagados por la Digeder fueron muchos[3]. Paradójicamente Iván Morovic solo participó nominalmente de la escuela de talentos deportivos.
El declive del ajedrez chileno posterior fue también por razones políticas, ya que con el advenimiento de la democracia en Chile (1989) Sergio Costagliola cayó en sucesivo descredito político y debió ceder la federación. Asimismo, la caducidad de un modelo estatal para el apoyo del deporte en Chile, producto de las reformas económicas iniciadas en la década de los setenta por los militares se hicieron palpables y el Ajedrez volvió, de manera elegante, a “sus cuarteles”. Fue paulatino el deterioro de una orgánica que hasta la década de los ochenta funcionaba con relativa comodidad, pero que a la postre se privatizó completamente.
Blog del autor: http://ewald.bligoo.cl/el-ajedrez-chileno-y-la-dictadura-de-pinochetunapartida-complicada#.VZBo8_l_Oko
Notas: [1] Las eliminatorias para acceder al campeonato del mundo eran: Zonal-InterzonalCandidatos-Match contra el campeón del mundo.
[2] Títulos reconocidos por la FIDE : MC,MF,MI y GM
[3] C. Michel(MI),M. Abarca( MF),J. Egger(MI).